Hace poco ha aparecido en diversas redes una cuenta llamada Punks Against Antisemitism. Alegando que defienden a un grupo humano brutalmente perseguido a lo largo de la historia, al que lo más seguro es que no pertenezcan, y usando la carta de lo contracultural, este colectivo ha aprovechado los acontecimientos de los últimos meses para tratar de sanar heridas propias y jalear la intervención militar israelí.
Aunque tenemos la impresión de que más allá de la realidad alemana y su contexto sociocultural este discurso no tiene mucho recorrido, el contenido que PAA genera y comparte nos parece tan erróneo que nos gustaría ofrecer una réplica que, quizás, pueda derivar en respuestas colectivas frente a aquellos que traten de blanquear cualquier sistema de opresión.
Industrias MDA somos un grupo de gente que organiza conciertos y trabaja dentro del ámbito cultural. Es por eso que el presente artículo analizará los puntos más problemáticos del discurso de PAA en cuanto al campo de la creación y la programación cultural, sin entrar demasiado en cuestiones de carácter más histórico. Nuestra intención no es entender cuáles son las razones que los han conducido a su posición, sino sus objetivos de fondo y lo que podrían llegar a generar si su propuesta tuviese mayor acogida.
Cultura transformadora y cultura al servicio del poder
Toda expresión cultural tiene una función económica, política y social. Y aunque pensamos que el arte no tiene por qué ser explícitamente político, sí que defendemos que en la medida de lo posible cualquier proyecto cultural con intencionalidad más o menos transformadora debería ser responsable de los mensajes que propaga.
Además, creemos que si se quieren generar prácticas culturales transformadoras, estas deben alinearse o brotar directamente de los movimientos sociales, para amplificar sus discursos y experiencias. A nuestro entender, generar marcos teóricos fuera de los espacios de lucha no puede acabar más que en derivas mesiánicas que no ayudan al activismo, sino que lo contaminan con narrativas completamente descontextualizadas de la realidad.
Nos preguntamos: ¿A quién sirve PAA? ¿Qué movimientos de base está acompañando? ¿Se alía con las diferentes iniciativas existentes dentro de Israel que trabajan por acabar con el sistema de apartheid y el racismo intrínseco al Estado, o bien responde a los planteamientos de cierto sionismo o postsionismo de izquierdas? ¿Acompaña, en todo caso, a los diferentes movimientos y alianzas antirracistas y anticoloniales que hay ahora mismo en Alemania y Europa? ¿Tiene algún interés en tejer lazos con los movimientos seculares y de izquierdas que existen ahora mismo en Palestina?
Durante las últimas décadas, en Europa ha habido numerosos casos de antisemitismo, que incluyen declaraciones públicas de diversa gravedad, agresiones físicas, ataques contra sinagogas y otros espacios judíos y atentados terroristas con víctimas mortales. Sin embargo, PAA ha decidido lanzar su campaña en plena intervención israelí en Gaza, cuando el número de muertos, heridos y desaparecidos ya había alcanzado proporciones completamente desorbitadas incluso para la historia de los territorios ocupados.
Nuestra impresión, pues, es que PAA es producto de la agenda política e histórica alemana, del proyecto occidental y del ala más dura del sionismo. Su función es amplificar, con un tono más amable y consumible por cierto público de la izquierda liberal, la narrativa desplegada por la maquinaria militar y propagandística israelí, que trata de presentar el aniquilamiento de población civil como un proceso inevitable.
PAA refuerza las iniciativas previas de apoyo a Israel en Alemania, que intentan penetrar en el activismo, el sector social y los espacios culturales alternativos para criminalizar, enrarecer y distorsionar las movilizaciones de solidaridad con Palestina.
Amplificar la agenda sionista, silenciar al pueblo palestino
La otra meta de PAA es que se pasen por alto las condiciones materiales reales de la población palestina, no solo mediante el uso del término «antisemitismo» como arma arrojadiza contra cualquier crítica profunda a Israel, sino también invisibilizando la propia historiografía y pensamiento del pueblo palestino.
Dentro del ámbito cultural, y emulando la estrategia de organizaciones más grandes, PAA alimenta este proceso a través de dos mecanismos. Por un lado, normaliza el hecho de que cuando se habla de la cuestión palestina todas las soluciones justas, morales y adecuadas partan de la visión de un izquierdismo occidental que se presenta a sí mismo como humanista, universal y con una capacidad de análisis mucho más profunda que la de los propios palestinos.
Esta presión contra la voz palestina, a la que se considera radicalizada en exceso, contaminada por el islamismo o directamente antisemita por naturaleza, acaba generando que incluso el activismo que de corazón apoya la descolonización de Palestina cite siempre declaraciones de académicos, periodistas y especialistas occidentales en vez de recurrir a fuentes palestinas. En última instancia, esta maniobra pretende desplazar el activismo hacia posiciones de conveniencia desde las que no sea posible sostener públicamente cualquier proyecto de liberación total para Palestina.
Por otro lado, se pone en funcionamiento un segundo proceso de paralización y edulcoración del activismo: la creación y el apoyo a propuestas y organizaciones que defienden un proceso de paz entre palestinos e israelíes basado en la sumisión, desposesión y fragmentación palestina sin abordar las causas sistémicas que sustentan la dominación israelí.
Simplismo y militarismo
Otro problema que identificamos en PAA es la creación de narrativas muy simplistas, dogmáticas y negacionistas fáciles de comprar por un público educado en la indiferencia hacia la otredad y poco dado a la reflexión profunda y al contraste de informaciones.
Para PAA, Israel no puede ser un estado colonial, clasista y ultranacionalista que aplica políticas racistas de apartheid por el simple hecho de haber sido creado por supervivientes del Holocausto. Al mismo tiempo, desde su perspectiva, los ataques de Hamás y otras organizaciones contra Israel, brutales y devastadores en cuanto a lo humano, no serían más que producto del fanatismo y el antisemitismo visceral que profesa una parte del mundo musulmán.
Ambas afirmaciones, solo sostenibles por alguien que ignora por completo la estadística, la historia y la realidad presente, si se dirigen a un público no demasiado politizado y contaminado por discursos occidentalistas, pueden acabar degenerando en la asunción de premisas falsas que solo se sostienen a través de la presión de grupo, el chantaje emocional y la mentira.
Es especialmente sangrante que PAA se denomine como grupo de izquierdas, activista, etc. pero realice una defensa explícita y desvergonzada del militarismo y la agresión militar, más cuando esa violencia va dirigida contra una población que no está bajo la protección de ningún Estado u organismo institucional estable.
Y mientras Europa celebra las fiestas navideñas completamente ajena a la masacre, quien pone la sangre es la población palestina.
Racismo y discursos de odio en Europa
La aportación de PAA es racista en extremo, pues considera que solo es posible un alto al fuego en el caso de una rendición total y unilateral de Hamás. Como ya hemos dicho, en semejante escenario, quiénes pagarán con sus vidas no serán los israelíes ni sus aliados, sino la población civil palestina. Por tanto, es posible deducir que para PAA los intereses israelíes son más importantes que el derecho a la vida de los palestinos. O dicho en otras palabras: para PAA hay vidas que importan menos que otras.
Más allá de esto, además, en PAA pasan por alto todas las cuestiones económicas y políticas tras el conflicto y obvian por completo los intereses internacionales en la región. Así, acaban propagando de forma implícita esa idea de que los palestinos constituyen un pueblo bárbaro, ignorante y brutal, incapaz de gobernarse a sí mismo y necesitado de una intervención externa, devastadora pero justa, que pueda regularlo. La idea de exportar democracia a cañonazos no es nueva y todos conocemos sus aciagos resultados.
En el marco europeo, la idea redunda en tesis reaccionarias según las cuales el choque de civilizaciones es inevitable y no se pueden mantener lazos de amistad y cordialidad con el mundo árabe ni musulmán. De acuerdo a esta argumentación, que rechaza y desprecia todo aquello que es distinto, existiría una especie de quintacolumnismo islamista en Europa ―que estaría, claro, detrás de las movilizaciones en solidaridad con Palestina― que merece respuestas radicales.
Pedir más bombas contra Palestina nos parece una forma especialmente irresponsable de tensionar la sociedad, no solo en Oriente Medio, sino también en nuestros propios países, donde la extrema derecha está tratando de criminalizar la pobreza valiéndose de un argumentario populista ante procesos migratorios marcados por la precariedad y el desarraigo.
Nosotros nos posicionamos en contra de todas estas narrativas. Desde una perspectiva internacionalista y como colectivo cultural, creemos que hay que hacer esfuerzos para apoyar a los pueblos que luchan contra la opresión y por su emancipación, sin importar lo que hagan o dejen de hacer sus líderes políticos y religiosos. En el ámbito local, apostamos por crear espacios de solidaridad y entendimiento entre comunidades que permitan dar respuestas colectivas a los problemas de repartición de la riqueza, trabajo, vivienda, violencia de género, etc. que hay en nuestras sociedades y que permitan poner freno a los reaccionarios de todas las tendencias.
Apoyar la disidencia y el activismo judío antisionista
Frente a la actitud paternalista y neocolonial de PAA, que respaldan a un pueblo de forma incondicional porque sus antepasados trataron de exterminarlo, nosotros apostamos por apoyar todas las redes de activistas que luchan por la liberación y la construcción de una realidad más justa no solo para un determinado grupo humano, sino para todos. Esto incluye a las redes provenientes del activismo judío. Asimismo, igual que en otros conflictos recientes, estamos convencidos de que hay que apoyar a la disidencia judía dentro y fuera del Estado de Israel: a quienes están desertando del ejército, se solidarizan con Palestina y apuestan por la descolonización.
La capacidad de lo cultural para generar espacios preconfigurativos que permitan ensayar alianzas y uniones entre comunidades diversas nos pone a colectivos como el nuestro en la responsabilidad de asumir la tarea de generar esas prácticas. Frente a quienes respalden y sostengan cualquier sistema de dominación seguiremos construyendo espacios de confluencia popular desde la diversidad y la horizontalidad.
Las masacres que los israelíes cometen sistemáticamente están a la vista de todos. Quien intente encubrirlas, justificarlas o incluso subestimarlas, comparte la responsabilidad de la masacre. Del mismo modo, la revuelta de un pueblo arrodillado está aquí ante nuestros ojos.
Industrias MDA, 2023.
Perfil de PAA: https://www.instagram.com/punks_against_antisemitism/
Antisemitismo en Europa: https://es.euronews.com/2019/10/10/alemania-sobrecogida-por-el-atentado-neonazi-y-antisemita-de-halle
https://www.esglobal.org/europa-nueva-ola-de-antisemitismo/
Organizaciones humanitarias con un enfoque colonial: https://www.standing-together.org/about-us
Sobre las condiciones de vida en Palestina: https://doc.es.amnesty.org/ms-opac/doc?q=*%3A*&start=0&rows=1&sort=fecha%20desc&fq=norm&fv=*&fo=and&fq=mssearch_fld13&fv=MDE15514122&fo=and
Disidencia israelí: https://www.elperiodico.com/es/internacional/20211208/deserciones-conciencia-ejercito-israeli-12935086
